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Baleal (Portugal).

Son las 17:17 horas y me encuentro en un “break” de nuestro Retiro de Viajar con Alma. Mientras nuestros viajeros han salido a comer fuera y a disfrutar de las últimas horas de sus compañeros de grupo, yo he aprovechado para quedarme en la villa reflexionando frente a la chimenea.

Hipnotizado por el baile de las llamas, mi cabeza se pregunta si existe la sociedad perfecta, si el ser humano es bueno o malo por naturaleza. Intento no disparar una respuesta rápida, impulsiva por el efecto de la buena energía del Retiro. Analizo y me traslado mentalmente a la m30, a las manifestaciones y a la guerra. Y pese a todo, mi respuesta es SI con mayúsculas. Hay esperanza.

Lo he sentido nuevamente estos días. He visto a los niños y a las niñas interiores de todos los participantes de todas las ediciones de nuestros retiros. Detrás de los cientos de capas de condicionamiento y protección hay un profundo anhelo de dar y recibir amor. Y hemos de entender, si somos justos y empáticos, que no todos utilizamos las mejores formas para comunicar estas necesidades. En definitiva, en este Retiro, he vuelto a coger la pista de esa esperanza que a veces pierdo. Rosa, Fran, Clara, Alexia, Elis, Laura, María, Ana y Carla me lo han recordado.

También, entre todos, me han ayudado a aceptar mis dones y mis talentos. Durante muchos años he huido de ellos, o los he cubierto con otras responsabilidades. Traer luz al mundo no es una tarea fácil, ni una responsabilidad que todas las espaldas quieran ni puedan soportar. Solía pensar que mis habilidades predilectas eran mi imaginación, mi arte o mi humildad. Pero realmente, me he dado cuenta, de que entrar directo a los corazones es el gran regalo que se me ha otorgado; el privilegio y el honor de derribar muros y armaduras como el cuchillo corta a la mantequilla.

Papá y Mamá lo celebran desde los cielos; en el Valhalla y en el Olimpo aplauden que la magia todavía existe; y los caídos en todas las guerras habidas y por haber gritan Aleluya.

En ocasiones es muy difícil mirar hacia atrás, a veces incluso se anuda la garganta al mirar hacia delante, pero si miras al centro de tu Tierra, verás que tu Luz siempre ha estado ahí, esperando a ser descubierta.

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