fbpx
Malditas aerolineas

Malditas aerolineas

Lecciones del universo para elevar tu mentalidad.

Aunque no lo parezca, este es un artículo de desarrollo personal. De hecho, puede que uno de los más importantes. 😁

Esta historia comienza en septiembre de 2023 cuando finalmente nos instalamos en nuestra casita en Portugal. Tras un año de vida nómada por el mundo, estábamos muy ilusionados por establecernos y volver a construir nuestra rutina. Después de una gran mudanza y mucho papeleo, al fin creíamos haber encontrado nuestro nido.

Sin embargo, cuatro meses más tarde, la dueña nos sorprendió informándonos que iba a vender la propiedad y que tendríamos que dejarla. En lugar de desanimarnos, decidimos buscar una alternativa. Dada la dificultad de encontrar una nueva casa en esa época, dejamos nuestras pertenencias en casa de amigos y nos aventuramos a probar Trusted Housesitting, una aplicación para viajar cuidando mascotas mientras buscábamos un nuevo hogar en Portugal.

Hacía tiempo deseábamos viajar a Italia y por suerte encontramos una casa en la Toscana para cuidar los animalitos de una granja durante 3 semanas a través de la misma aplicación. Hicimos una videollamada con la dueña e hicimos match. ¡Nos vamos a Italia! Ilusión máxima a la vez que respeto, ya que se trataba de cuidar a muchos animales (incluido caballo y ocas).

A las pocas semanas de zarpar la dueña cancela el “housesitting” injustificadamente y de nuevo, tenemos que volver a ajustar, aceptar y ver que hacíamos con los 400€ de vuelo que habíamos comprado. Como siempre, Sergio y yo somos bastante optimistas y pensamos que todo ocurre por algo. Lejos de juzgar a la mujer por dejarnos tirados, pensamos que es un buen momento para tomarnos unas semanas más de disfrute y explorar Italia sin ataduras, ya que no habíamos parado en más de un año de currar y crear.

Comenzamos a buscar alojamiento y solo habían opciones bastante premium. Así que decidimos no utilizar el vuelo que teníamos comprado de ida y tomar otro una semana más tarde, ya que con dos semanas de ruta era suficiente.

Después de disfrutar de dos semanas recorriendo lugares como Florencia, Bolonia, Livorno, Pescia y Lucca, nos encontramos con otro obstáculo: Cuando procedíamos a hacer el check in para nuestro vuelo de vuelta, vemos que “nuestro número de referencia no existe”. Pronto descubrimos que AirTapPortugal había cancelado nuestro vuelo de vuelta con una táctica bastante sucia que llaman “no show”. Consiste en que cancelan el vuelo de vuelta (automáticamente y sin aviso) por no haber cogido el vuelo de ida. Sí, ese vuelo de vuelta que ya tienes pagado. Y sí, sin informarnos. A pesar de de haber comprado con AirTapPortugal también el otro de ida una semana más tarde.

Llamamos a Booking, pues compramos los vuelos a través de ellos, y nos indican que tenemos que llamar a la aerolínea. Llamamos a la aerolínea y sin temblarles la voz nos recomiendan amablemente comprar otro vuelo al día siguiente por valor de 600€ porque no hay nada que hacer. (Comenzamos el típico partido de tenis donde todas estas grandes empresas se lavan las manos derivándote a otro, conscientes de tus pocos recursos como individuo para solventar el tema). Volvemos a llamar a Booking para reclamar por qué nadie nos ha informado de que los vuelos fueron cancelados, de modo que podríamos haber tomado la decisión de no volar o comprar un vuelo de vuelta con más antelación. El chico de Booking, sonriente y como si no fuera con ellos, nos dice…”a claro, os han hecho un no show. No podemos hacer nada”.

Sergio estaba que se subía por las paredes porque se había encargado de gestionar todo y siempre somos formales y “este tipo de cosas” no se nos escapan. Mientras que caminaba por la habitación sintiendo la impotencia de siempre con las aerolíneas (que ya nos la han jugado de esta forma tan poco ética otras veces) me dijo: “¡Qué tranquila te veo! Qué bien se lo ha tomado mi gordi”.

Sinceramente, estaba entretenida con mis posts del nuevo Programa “El Oráculo de tu Leyenda personal” en Canva y por dentro solo pensaba: “Gracias universo por ponernos una prueba más para elevarnos. Esto es una gran oportunidad”. Así se lo transmití a Sergio, seguido de un besito. Por dentro pensé: “Qué monada de hombre tengo a mi lado. Ha gestionado las llamadas con total amabilidad y templanza. Qué suerte contar con él”.

Y es que es así de cierto. Si esto no hubiese ocurrido, al igual que los otros contratiempos, ahora no seríamos un poco más pacientes, sabios y conscientes. Tampoco podría admirar tanto a Sergio por como afronta la vida en los momentos más duros y amargos, así como él a mí.

La vida nos entrega constantes desafíos para que podamos elegir: la queja, o la acción; el juicio externo o el aprendizaje. De hecho, si nuestra vida siempre fuera “justa” (es decir, que se acomodase a nuestras expectativas y sistema de creencias) y fácil (sin obstáculos) seríamos seres emocionalmente ignorantes, físicamente débiles e intelectualmente indefensos.

¿Por qué no reaccioné enfadándome o llorando como lo habría hecho hace años? Mi antigua yo habría enfrentado esta situación desde el miedo de que mi economía se viese comprometida. Todo se habría resumido a manifestar mis sombras de justiciera y a ver este hecho como una perdida “que no me puedo permitir”.

Actualmente, gestiono mejor mis emociones y comprendo “de qué va el juego”. También cuento con la confianza suficiente en mis herramientas internas (mis dones y habilidades) como para no sentir impotencia e indefensión ante las grandes fuerzas. Si algún día necesito dinero, sé que puedo producirlo. No dependo de un jefe, de un suelo o de que alguien me contrate. Lo más valioso lo tengo asegurado en mi alma y mi corazón.


🐺 Lo más valioso lo tengo asegurado en mi alma y mi corazón.


WOW. Gracias a las “formaciones de la vida”. Y a ti viajero por llegar hasta aquí!

El Viaje del Héroe

El Viaje del Héroe

Un paso hacia el mundo desconocido

El viaje heroico de todos y cada uno de nosotros siempre empieza dando un paso en falso, iniciando un tránsito hacia el mundo desconocido y aceptando, no antes sin muchas dudas, la llamada a la aventura.

Como gran admirador y estudiante de Joseph Campbell, no puedo dejar de ver viajes del héroe/ heroína en todas las vidas, en todas las películas, en todos los libros. Y es que, si echas la vista atrás, con toda seguridad, recordarás un gran cambio, un salto de fe o un giro brusco en tu guion de vida.


¿Quién era aquella persona?, ¿qué supuso aquel desafío en tu actual personaje?, ¿cuántas epopeyas más vendrán en el futuro?

El Viaje a Ítaca nunca se termina, ya que, aunque en nuestros esquemas mentales aparezca un futuro lleno de tranquilidad y mares en calma, realmente, en el fondo de nuestros corazones habita el aventurero, la exploradora y los amantes del desafío.

Como diría Neale Donald Walsh:

“Somos cambio y como el cambio es lo único constante, no podemos prometer ser siempre los mismos”.

Justamente, en la última carta de blog hablaba de incomodidad e insatisfacción, esas señales, muchas veces, advierten el principio de un nuevo viaje heroico. La llamada a la aventura no siempre viene anunciada con clarines y timbales, con el encargo de un afamado rey persa o con la trepidante misión de destruir un anillo mágico. En el mundo en el que vivimos, los caminos de iniciación provienen de fuentes más cotidianas, por ejemplo: de la mano de un cambio laboral, desarrollando un nuevo proyecto, a través de un enamoramiento o gracias a un cambio de país.

Recuerdo perfectamente mi último viaje del héroe en 2023: emprender una nueva vida en Asia sin billete de regreso. Podría haber continuado en la seguridad de Madrid, con mi trabajo de siempre, en mi círculo habitual, realmente nada iba mal. Pero en aquel entonces, si era sincero conmigo mismo, la llamada a la aventura me quemaba por dentro. Una parte de mí, se había ido de España antes de hacer las maletas.

¿Cómo saber que realmente es el inicio de algo importante y no solamente un capricho?

Simplemente, lo sabes, no es algo racional que puedas sostener en una balanza. Si acercas las manos en el corazón y te preguntas con sinceridad, podrás sentir un “full yes”, no hay dudas. ¿Hay miedo?, sí, mucho, pero algo procedente del mundo invisible te invita a cruzar el umbral, dar un paso hacia el mundo desconocido, emprender un viaje que te advierte que la persona que saldrá jamás será la misma que regrese.

Esquema del Viaje Heroico

Antes de despedirme, te dejo un pequeño gráfico que ilustra el Viaje del Héroe o de la Heroína. Se utiliza en cientos de guiones de series y películas y puede que tú también lo utilices, en un futuro no muy lejano, para emprender una nueva aventura vital.

¿Escuchas la llamada?

El Trabajo

El Trabajo

Amor hecho presencia

Me encanta cambiar y probar cosas nuevas, por eso hoy, empezaré recordando al célebre Khalil Gibran y lo que en voz de su Profeta narra sobre el trabajo de una forma tan sublime:

Con frecuencia os he oído decir, como si hablaseis en sueños:

“Quien trabaja en el mármol y talla en la piedra la forma de su propia alma, es más noble que quien ara los surcos. Y quien rapta el arcoíris para plasmar sus colores sobre una tela a imagen de un hombre, es más que quien hace las sandalias”.

Mas yo os digo, no en sueños, sino cuando más despierto estoy, que el viento habla con igual dulzura a los gigantescos robles que a las hierbas más insignificantes; y que solo es grande quien transforma la voz del viento en melodía, más dulce aún gracias por su propia capacidad de amar.

El trabajo es amor hecho presencia.

Y si no podéis trabajar con amor, sino con disgusto, mejor es que dejéis vuestra tarea y os sentéis a la puerta del templo para pedir limosna a quienes trabajan con gozo.

Sería incapaz de describirlo mejor: El trabajo es amor hecho presencia. ¡Increíble! Se encienden luces de colores en mi cabeza y explotan fuegos artificiales al oírlo.

Justamente el fin de semana pasado facilitamos un retiro de desarrollo personal en la Sierra de Gredos, y una de las grandes heridas de nuestros viajeros era el trabajo. Me resulta especialmente triste ver cómo se apagan las chispas de seres increíbles por trabajar en un lugar o en una materia que no desean. Si ellos se vieran a sí mismos como yo los veo, no existiría el desempleo. Sin embargo, cuando empieza el retiro veo muchas miradas tristes, energías menguadas y cuerpos encogidos.

Lo comprendo perfectamente, tiene sentido, pues el corazón no entiende de regateos, si no amamos lo que hacemos, nuestra alma se aqueja, y a veces, con mucha fuerza.

Es importante matizar, como decía Khalil Gibran, que la problemática no radica en que necesitemos un empleo más o menos cualificado, más o menos reconocido. La clave es si realmente está alineado con nuestro Ikigai/ propósito/ leyenda personal.

Quizás suene idealista, pero creo que absolutamente todos tenemos un don que el mundo necesita, y cuando no lo entregamos, aparte de castigar a nuestros compañeros de planeta, nos perjudicamos profundamente a nosotros mismos.

Ya lo decía Joseph Campbell: “Follow your Bliss”, sigue a tu felicidad. Ella te da pistas del camino correcto, ¿te sientes bien con una persona?, es por ahí, ¿te sientes bien en un lugar de trabajo?, genial, es tu sitio. Si, por el contrario, te encuentras triste, desanimado, te cuesta acudir cada mañana a trabajar… Las huellas del crimen apuntan a que hay un culpable.

Yo por mi parte siempre he tenido la gran suerte (o la determinación) de dedicarme a lo que realmente me apasiona. En su día fue el balonmano, luego el entrenamiento personal y ahora la espiritualidad y el autoconocimiento. Siempre que he sentido que mi chispa se apagaba me he ido, he cambiado o le he dado la vuelta a la situación. Nunca he decidido por dinero o por necesidad, y eso es lo que me ha llevado a poder sentirme tan agradecido y alineado.

¡Y me adelanto a tus saboteadores!

Seguramente pensarás que tu situación es diferente, que yo lo he tenido más fácil, que a estas alturas de la vida es muy complicado… y una larga lista de etcéteras. No juzgo, no critico y no obligo a nada. Solo te invito a darnos lo mejor de ti, a brillar como nunca y a trabajar a corazón abierto, ya que cuando nos hayamos dado cuenta, el tiempo se nos habrá terminado.

Posdata: por suerte, al finalizar todos los retiros, esas chispas apagadas siempre vuelven a conectarse con el fuego de Prometeo.

¡Gracias por tu lectura Viajero!

Kabbalah

Kabbalah

La elección de ser líder o esclavo

No he sido realmente consciente de la importancia que tiene la Cábala en mi vida hasta que he empezado a hablar sobre ella, tanto en mis libros como en los retiros. Empecé a estudiarla y aplicarla cuando tenía 20 añitos gracias a mi gran Maestro y amigo Juan Miguel Fernández-Balboa. A partir de entonces, busqué libros, canales de YouTube y sabios de todo el mundo que me hicieran comprenderla mejor. Debo las gracias a Javier Wolcoff, Mario Sabán, Yehuda Berg y Alber Gozlan por su preciada influencia.

Pero, entonces… ¿Qué es la Cábala?

Según yo la entiendo y experimento, es una tecnología o ciencia del alma. Proviene del hebreo «qabbalah», que significa RECIBIR. ¿Recibir el qué? Sabiduría, entendimiento, claridad y guía. Me gusta explicarlo como si fuera el manual de instrucciones de la vida. Al igual que cuando juegas a cualquier juego de mesa —como la Oca, el Ajedrez o el Catán—, siempre vienen unas reglas del juego, sin embargo, cuando aterrizamos en este mundo no nos explican cómo se juega a la vida. Yo elegí la Cábala para desempeñar esta importante función.

A menudo nos preguntamos por qué hay personas que consiguen tan fácil sus objetivos, en tan poco tiempo y sin apenas esfuerzo, y, sin embargo, otras parecen marcadas por el sello de la desgracia. Para la Cábala, las casualidades y la suerte no existen, simplemente es el nombre que se le da a una ley no conocida. Como explica una de las grandes leyes herméticas, vivimos en un mundo de “causalidades”, todo efecto tiene su causa y toda causa tiene su efecto. Es por eso, que para esta tradición mística el “de repente” solo puede existir en el mundo de las apariencias o lo que ellos llaman el mundo del 1%.

Veamos esto despacio. En la tradición cabalística, el mundo que vemos y experimentamos apenas representa el 1% de la verdadera realidad, mientras que el 99% aparece oculto tras un fino velo. De hecho, el Árbol de la Vida (el concepto central de la Cábala, que representa la estructura metafísica del universo) está dividido en diez sefirots o dimensiones, de esas diez, tan solo una de ellas simboliza el mundo físico: Malchut.

Esquema del Árbol de la Vida

Esto explica el motivo por el cual creemos que “de repente” me han venido una serie de gastos y me he quedado sin blanca o que “de repente” mi cuerpo ha enfermado sin motivo aparente. Todo esto fue creado por nosotros consciente o inconscientemente en las estructuras superiores del Árbol de la Vida, en los Mundos de Emanación, especialmente desde la primera sefirot, Keter, también conocida como la corona o la mente.

Vale, hagamos una pausa. Ahora te preguntarás, ¿qué hago con todo este lío?

Te aconsejaría que te tomases tu tiempo para digerirlo con calma y si realmente te ha resonado, que le dediques tiempo a su estudio. Puesto que vamos a jugar a este juego de la vida durante muchos años, estaría bien que sepamos hacerlo en grande.

A partir de ahora se abren dos formas de vivir, como un sirviente o como un jefe (y no tiene nada que ver con tu puesto de trabajo). Si eliges habitar en el mundo del 1%, serás presa del “de repente” y te moverás como un barco de papel a merced de las olas del destino. Sin embargo, si eliges el mundo del 99%, podrás experimentar la prosperidad verdadera, serás el capitán de tu destino y no habrá nada en tu realidad que no hayas elegido de antemano.

Esto no es un proceso sencillo, ni algo que vaya a ocurrir en un solo día. Es más, debo advertirte de que:

Ser líder y arquitecto de tu propia realidad es un trabajo de jornada completa.

Como sé que todo esto es complejo, he decidido grabar un nuevo episodio de pódcast desde nuestro canal de Semillas de Cambio para explicar de viva voz un poco más sobre la Cábala. Te dejo el enlace

¡Gracias por leer Viajero!

Vivir y morir como Sócrates

Vivir y morir como Sócrates

Mi última bala de tinta

¿Qué escribiría si fuese mi último día en este planeta?, me preguntaba estos días mientras leía sobre el juicio y la muerte de nuestro sabio Sócrates allá por el 399 a.C. ¿Qué harías tú, querido viajero lector, si pudieras saber de antemano que te quedan un puñado de horas de existencia?

Yo, por mi parte, como no dispongo de esa información, ni tampoco deseo preguntar al Oráculo de Delfos por la misma, trato de crear cada día una vida que merezca la pena ser vivida. Intento no posponer decisiones, viajes o deudas, pues el tiempo corre rápido y no sé cuándo se borrarán los mapas de mi realidad.

Me ha inspirado especialmente la actitud del filósofo griego. Sócrates fue acusado injustamente de corromper a la juventud y de impiedad hacia los dioses, hechos por los cuales, el tribunal ateniense lo condenó a muerte. Sus discípulos, Platón incluido, trataron de organizar su fuga de la cárcel para que pudiera continuar viviendo lejos de Atenas. Pero él, firme a sus valores de justicia y templanza, rechazó la ayuda de sus amigos y aceptó su destino con pasmosa tranquilidad.

¿Qué hizo entonces Sócrates en su último día de vida?

Sencillamente, lo que venía haciendo en sus últimas décadas: enseñar a sus alumnos, inspirarles y ser un vivo ejemplo de lo que hoy conocemos como desarrollo personal.

Cito unas famosas palabras que el filósofo pronunció durante sus últimas horas:

Todo hombre que durante su vida ha renunciado a los placeres y a los bienes del cuerpo, y los ha mirado como extraños maléficos, que solo se ha entregado a los placeres de la ciencia y ha puesto su alma no adornos extraños sino adornos que le son propios, como la templanza, la justicia, la fortaleza, la libertad, la verdad, semejante hombre debe esperar tranquilamente la hora de su partida para el Hades, estando siempre dispuesto para este viaje cuando quiera el destino lo llame.

Todo hombre que durante su vida ha renunciado a los placeres y a los bienes del cuerpo, y los ha mirado como extraños maléficos, que solo se ha entregado a los placeres de la ciencia y ha puesto su alma no adornos extraños sino adornos que le son propios, como la templanza, la justicia, la fortaleza, la libertad, la verdad, semejante hombre debe esperar tranquilamente la hora de su partida para el Hades, estando siempre dispuesto para este viaje cuando quiera el destino lo llame.

Caronte, el pescador espiritual

Caronte, el pescador espiritual

Una fábula sobre las grandes preguntas existenciales

Hace muchos siglos, en un lugar en el que los mapas no recogen y en un tiempo donde la memoria no llega, vivió un viejo pescador. Hijo, sobrino y nieto de pescadores. Caronte fue bautizado, en honor a la leyenda de la laguna Estigia. Era el último de su linaje, pues fue incapaz de encontrar a una mujer que lo acompañase.

Caronte tenía una vida humilde y sencilla. Cada mañana, con la primera luz del alba, salía con su pequeño bote y su caña en busca de alimento para el día. Tres pescados era lo que necesitaba, ni uno más, ni uno menos. En ocasiones, conseguía su propósito en apenas un par de horas; en otras, se alargaba hasta el punto de acompañar al sol en su retirada; pero siempre, independientemente del resultado, esperaba paciente.

Ahora que se encontraba en el final de sus días, se preguntaba por el sentido de la vida, pues en aquella época alcanzar el medio siglo ya era toda una proeza. Cada jornada Caronte se repetía las mismas tres preguntas:

¿Quién soy?, ¿para qué he venido a este mundo?, y ¿qué ocurrirá cuando la muerte venga a buscarme?

No se sabe en qué momento de su biografía percibió en el reflejo de la laguna su rostro viejo y su cuerpo inclinado hacia la entropía, pero desde aquel día, se propuso indagar y preguntar a la naturaleza por esas tres cuestiones. Mientras se disponía a atrapar el primer pescado, se preguntaba “¿quién soy?”, cuando iba en busca de su segunda presa, reflexionaba “¿para qué he venido a este mundo?”, y en último lugar, tratando de hallar el tercer alimento, cavilaba “¿qué ocurrirá cuando la muerte venga a buscarme?

Así pasaron los días, las semanas y los meses, con apenas vestigios de la verdadera respuesta a aquellas preguntas. Caronte asumió, con la paciencia que lo caracterizaba, que se iría al otro mundo sin verlas resueltas. Hasta que por fortuna o por destino, por insistencia o casualidad, le llegó una gran pista.

El viejo pescador, diligente como cada mañana, acababa de subirse a la barca, acudiendo puntual a la cita con los primeros rayos del sol. En ese mismo momento, deslizando por debajo del agua, percibió una misteriosa luz dorada. “¿Qué será aquello?”, se preguntaba Caronte, mientras remaba detrás del objeto luminoso. La enigmática luz no iba muy deprisa, pues cuando el pescador fatigado dejaba de remar, esta parecía esperarlo. “¿Querrá decirme algo?, ¿será la luz que me lleve al otro mundo?, es posible que haya llegado mi despedida…”, mascullaba para sus adentros el viejo barquero.

La luz se detuvo, y Caronte finalmente pudo alcanzarla. Para sorpresa del anciano, salió a la superficie una extraña criatura. Efectivamente, desprendía luz dorada, pero su forma era muy similar a la de un lucio, esos peces alargados, de forma casi cilíndrica, con boca de pico de pato.

­ —¿Quién eres? — preguntó Caronte en voz alta pero temblorosa, inclinando su cuerpo hacia las aguas.

—Eso mismo te preguntas tú desde hace un tiempo, querido pescador— contestó el lucio dorado.

—¿Cómo sabes eso?, bueno… espera— Caronte se llevó las manos a la cabeza— ¡Un pez que habla! Definitivamente, estoy a las puertas del inframundo.

—Todavía no ha llegado el momento, amigo. Antes deberás recibir tres respuestas, todas ellas se encuentran en los rincones de esta laguna. Confía en tu intuición, ella te marcará el camino.

Acto seguido, el lucio dorado se sumergió y desapareció veloz como un destello. El viejo pescador no podía creer lo sucedido, pero con buena fe, decidió hacer caso de aquellas sabias palabras y emprender la búsqueda. No entendía muy bien qué era la intuición, pero imaginaba que, llegado el momento, lo descubriría. Sin apenas haber tocado los remos, la barca se orientó hacia una orilla de la laguna, allí, como único elemento de referencia, descansaba un sauce solitario.

Caronte remó decidido hacia aquel árbol, esperando que allí estuviera la primera respuesta. Jadeando, al fin llegó a las raíces sumergidas del sauce. Nunca se había percatado de la existencia de ese árbol solitario. Ni siquiera en todos los años que había vivido en aquellos parajes, pero imaginaba que siempre habría estado allí. De repente, algo chocó con la barca e hizo que esta se detuviese.

—¿Qué ha sido eso?, ¿fuiste tú lucio dorado? — preguntó Caronte, mientras se sujetaba al bote con las manos temblorosas.

No hubo respuesta, pero en su lugar una fina rama del sauce se inclinó hacia la barca y talló en la madera de la cubierta dos palabras.

¿Quién eres?

—¡Dios mío! Estoy perdiendo la cabeza. Un sauce que escribe.

Nadie contestó, pero la rama volvió a cimbrearse, como si quisiera señalar de nuevo la pregunta.

—No sé quién soy, por eso busco en esta laguna esas grandes respuestas. Ya estoy muy viejo para razonar sobre ello.

La rama del sauce que había tallado la pregunta se acercó al rostro de Caronte. Este hizo un amago de esquivarla, pero algo dentro de sí, le hizo calmarse. La rama se bifurcó en dos y cada una se apoyó con delicadeza en las sienes del pescador.

“Soy el principio y el final, el amanecer y el ocaso. Soy el águila y el lucio, el ratón y la culebra. Soy el viento que susurra y las aguas que se precipitan, el frío del invierno y el calor del verano. Yo Soy la respuesta a todas las preguntas habidas y por haber.”

Las ramas se separaron de la cabeza del anciano y como impulsado por las raíces del sauce, la barca de Caronte se dirigió de nuevo a la laguna. Jamás había experimentado algo así. Segundos atrás, el viejo había sido capaz de pensar a través de un árbol, y a su cabeza llegó la mismísima voz de la naturaleza. Sin haber salido del asombro, el pescador sabía que debía ir en busca de la segunda respuesta, pues de alguna manera, sentía que se le acababa el tiempo.

¿Para qué he venido a este mundo? — preguntó Caronte en voz alta mientras su barca se deslizaba lenta por la superficie de la laguna. El viejo buscó alguna señal, miró en el agua tratando de ver al lucio dorado, más nada ocurrió. El sol estaba en el punto más alto del cielo y eso indicaba el medio día.

En ese momento, un pájaro se posó al borde del casco de proa. Parecía una grulla, completamente blanca, salvo un collar de plumas escarlata y un moteado negro en la cabeza que simulaba un vistoso sombrero.

—¿Para qué vino al mundo el hijo, sobrino y nieto de pescadores? — graznó el pájaro.

Caronte ya estaba curado de espanto y apenas se sobresaltó, pues había hablado con un lucio y un sauce se había metido en su sesera.

—Señora grulla, desconozco el propósito de mi nacimiento. No protagonicé ninguna gesta como los grandes reyes o guerreros de la historia, ni siquiera pude contraer matrimonio para traer al mundo descendencia. Imagino que Dios, si es que existe, no tenía preparado para mí nada especial.

No solo los reyes forjan el mundo, humilde barquero. Hay batallas que no se libran a punta de lanza, ni todos los hijos están destinados a heredar el trono de sus padres.

—¿Cuál es mi destino entonces?

Aprender. Ese es el propósito de todos los mortales.

La grulla batió las alas y desapareció entre la bruma. Tan solo quedaba una última pregunta y una última respuesta. Ya estaba cayendo el sol y si se hacía de noche, Caronte sería incapaz de volver a casa; además no había capturado ningún pescado y se sentía hambriento. La temperatura descendió y con ella las fuerzas del anciano. Se tumbó en la barca tratando de coger aliento y energía para buscar la última pista. Las nubes bailaban en el cielo y cambiaban sus trajes azules por unos anaranjados, todas ellas vestidas de gala para la ceremonia de despedida del sol. Caronte comenzó a marearse, su vista naufragaba y un cosquilleo debilitante reptaba por su piel fina y arrugada.

¿Qué ocurrirá cuando la muerte venga a buscarme?”, se preguntaba.

De jovencito muchas veces lo atormentaron con el juicio final; los cuentos oscuros hablaban de un esqueleto vestido de negro que lo perseguiría en su último día; y las pesadillas le traían el crepitar de los fuegos del infierno. Cientos de miles de hombres y mujeres a lo largo y ancho del planeta tierra se habían hecho la misma pregunta, sin recibir una sola respuesta. Sin embargo, Caronte, como exclusivo privilegiado, parecía encontrarse a punto de descubrirla.

Me voy, esto se acaba”, susurraba con voz débil el viejo pescador. El corazón de Caronte tamboreaba sus últimos compases, sus ojos le cerraban las ventanas a la vida y sus oídos escuchaban campanas de despedida.

De las profundidades de la laguna surgieron centenares de lucios dorados y de los cielos descendieron millares de grullas blancas con collares escarlatas. Entre todos asieron la barca de Caronte para llevarla a los confines del mundo conocido, acercándolo a la delgada línea del horizonte donde el sol se pone y se despierta cada día. Mientras, un sauce solitario derramaba lágrimas agridulces, y su rama más diestra talló en su propio tronco una máxima:

«Ni el nacimiento fue el principio, ni la muerte será el final».

Social Share Buttons and Icons powered by Ultimatelysocial