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A menudo tratamos de fotocopiar los días, los meses y los años. En nuestra playlist de vida siempre suenan las mismas veinte canciones y en nuestro GPS interno apenas aparecen cuatro calles. Intentamos ponerle monturas y amansar al caballo salvaje del cambio. Evitamos la agitación de lo nuevo y rechazamos ingratamente el regalo que nos ofrecen los imprevistos. Nos abrazamos con fuerza a un sueldo, una casa y unas compañías. Construimos con ahínco muros altos y encargamos al herrero barrotes fornidos que nos den seguridad, pero ignoramos que ese mismo acto prepara sigilosamente nuestra celda.

Quizás te hayas preguntado, ¿a qué se debe este inicio?

Esta semana hemos dejado nuestra casita de Portugal. Nuestros planes estaban en quedarnos allí al menos un año, pero la buena o la mala suerte ha decidido que la dueña del lugar donde vivíamos haya decidido venderla, obligándonos con delicadeza a cambiar de rumbo. Esos vientos han traído a nuestro barco hasta Brístol (Inglaterra) y en la hoja de ruta de 2024 aparece Gredos, Lisboa y la Toscana, pero trato de no ceñirme demasiado a los mapas. Sinceramente, mi “yo gatuno” se hubiera quedado en la seguridad de aquella casa, con mis libros, mi sofá y el resto de comodidades; pero, por otro lado, mi “yo halcón” se habría deprimido con las alas tan recortadas.

La vida me ha enseñado que no hay nada seguro ni eterno; puedo intentar labrar caminos mentales que repitan mi rutina y las cosas que me agradan, pero por su parte, el destino o la suerte, siempre tiene otros planes para mí. Paulatinamente, con el paso del tiempo, he conseguido amar esa incertidumbre. Sé que en el mar del caos mi marinero interior saca sus mejores habilidades, y percibo que cambiar de aires me ofrece nuevos colores y un lienzo en blanco para pintar mi nueva realidad.

No quiero que el reloj del tiempo se me quede a cero y no haya exprimido mi existencia. Tampoco me gustaría que el mundo se pierda la magia que esconde mi ermitaño. Y cada día apuesto con más firmeza en una vida que merezca la pena ser vivida.

Dada la temática de hoy, aprovecho para compartir un breve capítulo de mi segundo libro “El Viaje de los Sentimientos”. Espero que te guste, se titula Desapego:

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