“La sensación era la de quien se revuelve en el lodo. Tenía que pasar algún tiempo hasta que el barro se fuera posando y el agua empezase a estar más clara. Pero soy voluntarioso, y con el paso de los meses, supe que cuando el agua se aclara, empieza a poblarse de plantas y peces. Supe también, con más tiempo y determinación aún, que esa flora y fauna interiores se enriquecen cuanto más se observan. Y ahora, cuando escribo este testimonio, estoy maravillado de cómo podría haber tanto fango donde ahora descubro una vida tan variada y exuberante”
(Pablo d’Ors)
No podía encontrar unas palabras más certeras de lo que significa para mí la espiritualidad. Un viaje hacia las profundidades de nuestras sombras, un remover y escarbar en el barro, un observar y preguntar al dolor para que nos muestre el camino.
Muchos fueron lo que se alejaron de las iglesias y de las sinagogas rechazando a la religión, pero a la vez que se liberaban de un yugo, se abrazaban con fuerza a otros falsos dioses… Ciencia, economía o política. Yo mismo me encontré buscando entre las apariencias del éxito, las redes sociales y la productividad.
Pero la espiritualidad está más allá del rezo, de los votos de castidad o de las cabezas rapadas. La espiritualidad está en el fondo de nuestra taza de café, en el abrazo de un extraño, en el ronroneo de un felino, en el amanecer y en el atardecer, en el nacimiento de un niño y en la partida de un ser querido. En definitiva, en lo cotidiano. El hijo de Dios nació en un humilde pesebre, entre un buey y una mula. Y no seré yo quien afirme o desmienta que ese suceso fue histórico o imaginado, tan solo me quedo con la enseñanza: la divinidad se presenta de forma modesta y sencilla.
Para mí ser espiritual es buscar. Explorar en el significado y en el propósito de la vida, conectar con algo más grande que uno mismo.
Un rincón de mi biblioteca
A menudo la vida nos invita a adentrarnos en este mundo, nos presenta libros y maestros de forma amable y delicada. Pero si rechazamos esta llamada, cada vez nos presenta una invitación con mayor fuerza e insistencia. He ahí el motivo de porque a muchos se les convoca en el fondo de un pozo o en un callejón sin salida. A veces el sendero espiritual viene de la mano de un cáncer, de un divorcio o de una muerte. Pero tomar este camino es inevitable, tan solo puedes decir el cuándo.
Hoy puedo agradecer y celebrar que el camino espiritual existe. Que es más seguro de lo que parece, y que en él se hallan todas las respuestas y piezas perdidas de nuestros puzzles. A mí, Sergio, me salvó. Volví a nacer de entre los libros y las meditaciones. Mis maestros y mis guías me sostuvieron cuando el mundo se disponía a colgarme el cartel de huérfano. Desde entonces, jamás me he vuelto a sentir solo o desamparado.
Siento decirte que es un camino de no retorno, una vez que bebas de estas aguas jamás volverás a querer migajas de reconocimiento. Hoy te ofrezco una posibilidad de entrar a este nuevo mundo, no lo anuncio con cohetes ni fuegos artificiales, es un simple botón con un enlace. Tú decides si escuchas la llamada.
Maktub y tu leyenda personal te esperan. Apúntate a la lista de espera para la nueva edición de Maktub, nuestro taller de espiritualidad para escépticos aquí
Son las 17:17 horas y me encuentro en un “break” de nuestro Retiro de Viajar con Alma. Mientras nuestros viajeros han salido a comer fuera y a disfrutar de las últimas horas de sus compañeros de grupo, yo he aprovechado para quedarme en la villa reflexionando frente a la chimenea.
Hipnotizado por el baile de las llamas, mi cabeza se pregunta si existe la sociedad perfecta, si el ser humano es bueno o malo por naturaleza. Intento no disparar una respuesta rápida, impulsiva por el efecto de la buena energía del Retiro. Analizo y me traslado mentalmente a la m30, a las manifestaciones y a la guerra. Y pese a todo, mi respuesta es SI con mayúsculas. Hay esperanza.
Lo he sentido nuevamente estos días. He visto a los niños y a las niñas interiores de todos los participantes de todas las ediciones de nuestros retiros. Detrás de los cientos de capas de condicionamiento y protección hay un profundo anhelo de dar y recibir amor. Y hemos de entender, si somos justos y empáticos, que no todos utilizamos las mejores formas para comunicar estas necesidades. En definitiva, en este Retiro, he vuelto a coger la pista de esa esperanza que a veces pierdo. Rosa, Fran, Clara, Alexia, Elis, Laura, María, Ana y Carla me lo han recordado.
También, entre todos, me han ayudado a aceptar mis dones y mis talentos. Durante muchos años he huido de ellos, o los he cubierto con otras responsabilidades. Traer luz al mundo no es una tarea fácil, ni una responsabilidad que todas las espaldas quieran ni puedan soportar. Solía pensar que mis habilidades predilectas eran mi imaginación, mi arte o mi humildad. Pero realmente, me he dado cuenta, de que entrar directo a los corazones es el gran regalo que se me ha otorgado; el privilegio y el honor de derribar muros y armaduras como el cuchillo corta a la mantequilla.
Papá y Mamá lo celebran desde los cielos; en el Valhalla y en el Olimpo aplauden que la magia todavía existe; y los caídos en todas las guerras habidas y por haber gritan Aleluya.
En ocasiones es muy difícil mirar hacia atrás, a veces incluso se anuda la garganta al mirar hacia delante, pero si miras al centro de tu Tierra, verás que tu Luz siempre ha estado ahí, esperando a ser descubierta.
A menudo tratamos de fotocopiar los días, los meses y los años. En nuestra playlist de vida siempre suenan las mismas veinte canciones y en nuestro GPS interno apenas aparecen cuatro calles. Intentamos ponerle monturas y amansar al caballo salvaje del cambio. Evitamos la agitación de lo nuevo y rechazamos ingratamente el regalo que nos ofrecen los imprevistos. Nos abrazamos con fuerza a un sueldo, una casa y unas compañías. Construimos con ahínco muros altos y encargamos al herrero barrotes fornidos que nos den seguridad, pero ignoramos que ese mismo acto prepara sigilosamente nuestra celda.
Quizás te hayas preguntado, ¿a qué se debe este inicio?
Esta semana hemos dejado nuestra casita de Portugal. Nuestros planes estaban en quedarnos allí al menos un año, pero la buena o la mala suerte ha decidido que la dueña del lugar donde vivíamos haya decidido venderla, obligándonos con delicadeza a cambiar de rumbo. Esos vientos han traído a nuestro barco hasta Brístol (Inglaterra) y en la hoja de ruta de 2024 aparece Gredos, Lisboa y la Toscana, pero trato de no ceñirme demasiado a los mapas. Sinceramente, mi “yo gatuno” se hubiera quedado en la seguridad de aquella casa, con mis libros, mi sofá y el resto de comodidades; pero, por otro lado, mi “yo halcón” se habría deprimido con las alas tan recortadas.
La vista que tenemos (Brístol)
La vida me ha enseñado que no hay nada seguro ni eterno; puedo intentar labrar caminos mentales que repitan mi rutina y las cosas que me agradan, pero por su parte, el destino o la suerte, siempre tiene otros planes para mí. Paulatinamente, con el paso del tiempo, he conseguido amar esa incertidumbre. Sé que en el mar del caos mi marinero interior saca sus mejores habilidades, y percibo que cambiar de aires me ofrece nuevos colores y un lienzo en blanco para pintar mi nueva realidad.
No quiero que el reloj del tiempo se me quede a cero y no haya exprimido mi existencia. Tampoco me gustaría que el mundo se pierda la magia que esconde mi ermitaño. Y cada día apuesto con más firmeza en una vida que merezca la pena ser vivida.
Dada la temática de hoy, aprovecho para compartir un breve capítulo de mi segundo libro “El Viaje de los Sentimientos”. Espero que te guste, se titula Desapego:
En una ocasión tuve la suerte de presenciar el nacimiento de un polluelo, una hermosa criatura que eminentemente rompió su cascarón. En otro lugar, en otro tiempo, pude disfrutar del doloroso momento en el que un hijo partió del hogar materno. Más tarde, mis ojos me mostraron un barco que zarpaba con emigrantes en busca de un futuro mejor.
Pero nada removió tanto mi corazón como un lazo cortado, un matrimonio separado y una familia que empezaba de nuevo.
Alguien me dijo que todo aquello que me fue mostrado, se trataba de perder para ganar, de soltar para expandirse. Entendí que las manos que se aferran fuerte a la soga terminan quemándose. Traté de alargar un poco más el marcharme o quererte una vez más. Intenté conocer lo que aguarda el mañana y creer en el «para siempre».
Pedí amar el cambio y la incertidumbre. Tomar un billete de transformación sin fecha de regreso. Comprender y abrazar la metamorfosis. Apreciar la fragilidad del orden y la estabilidad, el caos y la entropía.
Sabios consejos llegaron, otros tantos pasaron de largo. Observar, experimentar y desgarrarse en cada nuevo nacimiento. Más nada me enseñó tanto como las anónimas palabras que una vez llegaron a mí:
Nuestros pasos nos han llevado a iniciar este gran viaje por tierras asiáticas, países dominantemente budistas, con lo que ello implica, tanto social como culturalmente. Posiblemente, lo más atractivo y espectacular del sudeste asiático, donde nos encontramos actualmente, son sustemplos.
Nos gusta sumergirnos en las raíces de cada cultura, saber de sus costumbres y creencias, para poder quedarnos aquellas que más nos resuenan. En muchos casos, comprender su religión, presente o pasada, ayuda a tener una visión más holística y completa del país.
Así pues, hemos indagado sobre el budismo, no solo como religión, sino como sistema ético y filosófico, para poder compartirlas con vosotros en este pequeño artículo.
¿Quién fue Buda?
Al contrario de lo que muchos puedan llegar a pensar, no es un dios, sino un guía espiritual, un ser que nos acompaña en el camino hacia la iluminación, de ahí su nombre, Buddha es un título espiritual védico, que significa “el que ha despertado” o “el iluminado”.
Su nombre original era Siddharta Gautama, vivió aproximadamente entre el 563 y el 483 a.C. en la cordillera del Himalaya, en la antigua y desaparecida república de Sakia.
Cuenta la leyenda que era hijo del rey Sudodhama y la reina Maya Devi. Según la costumbre, el rey acudió a un sabio para consultarle sobre el futuro del príncipe. «Signos supernaturales indican que este recién nacido será un gran asceta o se convertirá en un gran Rey«, le dijo el vidente. Al escuchar estas palabras, Suddhodana decidió proteger a su hijo del mundo exterior y lo confinó en el palacio, donde lo rodeó de placeres y riquezas. Hasta que sucedió lo inevitable.
A pesar de los esfuerzos de su padre, un buen día Gautama salió del palacio. En ese momento vio cuatro cosas que cambiaron su vida para siempre: un anciano, un enfermo, un muerto y un asceta. Al saber que las primeras tres no eran visiones extrañas, sino el destino inevitable de todos los seres humanos, Siddartha se conmovió profundamente. De esta manera, a los treinta años, decidió despedirse de su familia y renunciar al lujo de la vida de palacio para encontrar la respuesta al problema del dolor y del sufrimiento humano.
Después de siete años de incesante búsqueda, decidió sentarse en meditación con la inquebrantable determinación de no moverse hasta haber comprendido y realizado la verdadera naturaleza del Ser. Mientras estaba en meditación profunda bajo una higuera conocida como el árbol de Bodhi (árbol de sabiduría), Gautama experimentó el grado más alto de conciencia llamado Nirvana. Y a partir de este momento, se le conocería como El Iluminado.
¿Cuáles son las principales creencias del budismo?
El Karma, uno de lo más conocidos, por el cual toda acción intencionada tiene sus consecuencias, para bien o para mal, en esta vida y en las siguientes. Es decir, creen firmemente en la reencarnación y en las vidas pasadas.
Samsara. En occidente se concibe el tiempo de manera lineal, no así para la cultura budista, que lo perciben de manera circular, en una rueda interminable de nacimiento, sufrimiento, muerte y reencarnación.
Nirvana. Es el cese del sufrimiento, la iluminación y el punto final al ciclo eterno del Samsara.
Sufrimiento y deseos. Para los budistas, el origen del sufrimiento, inherente a la propia vida, es el deseo, el anhelo que causan los sentidos o los placeres, y la creencia de que alguna acción nos llevará a la satisfacción de dicho deseo, nada más lejos que una simple ilusión. Por ello optan por la simplicidad, el desapego y el camino del medio para encontrar ese difícil equilibrio.
Sergio encontró al primer Buda con barba 🙂
¿Qué debemos tener en cuenta a la hora de visitar los templos?
Mostrar respeto. Nada que no sea de sentido común, como hablar alto, comer o fumar dentro de los templos. Y algo que a nosotros no cuesta mucho jaja, es no mostrar cariño, no está bien visto abrazarse o besarse en estos lugares de culto.
Vestimenta. En la gran mayoría de los templos nos obligarán a llevar cubiertos nuestros hombros, piernas y zonas como el escote o el ombligo para las mujeres. Sed previsores con esto, ya que si pensáis visitar varios templos el mismo día, puede que no podáis acceder a muchos de ellos o que tengáis que comprar algo de última hora sin necesidad.
Zapatos y sombreros. A la entrada o en las escaleras del templo deberemos dejar nuestros zapatos y acceder a él descalzos. De la misma manera, deberemos quitarnos gorras o cualquier tipo de elemento que cubra nuestra cabeza una vez accedamos.
No señalar ni apuntar con los pies. Señalar cosas o personas alrededor del templo está mal considerado. Para indicar algo, usa tu mano derecha con la palma hacia arriba. Cuando estés sentado, evita apuntar con los pies a una persona o imagen de Buda.
Inclinar la cabeza. Es costumbre inclinar la cabeza hacia la estatua de Buda al entrar por primera vez en el templo, al margen de tus creencias o inclinaciones religiosas. Si hay monjes presentes, también es importante intentar permanecer a un nivel más bajo que el de su vista, así que intenta inclinar la cabeza o arrodillarte al reconocerlos o presentar tus respetos a Buda.
Para ellas. Los roles de género de las culturas budistas del sudeste asiático son muy diferentes a las occidentales. En estos lugares, las mujeres nunca deben tocar a un monje. Es más, hay ciertos templos o altares dentro del mismo recinto al que las mujeres no pueden acceder.
Esperamos que estos pequeños detalles sobre la cultura budista os hayan servido para comprender un poco mejor las costumbres asiáticas, tanto para aumentar vuestro conocimiento general, como para disfrutar más de estos maravillosos lugares en vuestras futuras visitas.
Os recordamos que para este año 2023 tenemos planificados 2 viajes de transformación a esta zona del planeta: Bali y Tailandia ¿Nos acompañas?
“Bienvenidos a Semillas de cambio, el podcast de Viajar con alma ¿Dónde estamos hoy, Carla?”
En Enero de 2023 y aprovechando nuestro cambio de vida radical, nos hemos decido a emprender este nuevo proyecto en forma de podcast.
Como ya sabréis, nos encontramos por el mundo viajando sin billete de vuelta, así que el podcast nos resulta de gran ayuda para seguir en contacto con nuestra comunidad.
Cada capítulo lo comenzamos con una breve introducción relacionada con el viaje: donde estamos, en qué momento nos encontramos u otras curiosidades. A continuación os dejamos la presentación, donde profundizamos sobre los orígenes de Viajar con Alma y este proyecto:
Más de 400 personas han escuchado nuestra humilde aportación de «Semillas de cambio».
Sabemos que no hacemos el camino solos, lo cual nos refuerza y alegra muchísimo.
¡Gracias!
¿Por qué Semillas de cambio»? ¿Por qué un podcast?
La semilla es el inicio de cualquier cosa, el germen o la posibilidad de todo cuanto conocemos; la bellota que tiene la oportunidad de convertirse en un gran y hermoso roble.
Esa es nuestra intención, pequeña y ambiciosa a su vez: sembrar posibilidades; y aquí viene la segunda parte de nuestro nombre: empujar delicadamente a la transformación y al cambio.
En estas conversaciones, tratamos de reflexionar, debatir y analizar los diferentes temas que componen el desarrollo personal y vital. Con audios de 15-20 minutos buscamos provocar en el oyente una respuesta de inspiración, cuestionamiento y toma de acción para llegar un pasito más lejos en la conquista de uno mismo.
El formato del Podcast Semillas de cambio
Algunos episodios charlamos entre nosotros (Carla y Sergio), y en otros invitamos a lo que nosotros llamamos “héroes anónimos”. Son personas que nos inspiran, que nos transmiten buena energía y que queremos que vosotros también podáis tener cerca.
No nos gusta llamarlo entrevistas, ya que son completamente informales y distendidas, en resumen, son charlas tomando café entre amigos.
Si quieres participar en algún episodio, puedes escribirnos un email a info@viajarconalma.com.
Además del formato en audio típico del podcast, también puedes disfrutar de las charlas a través de youtube, ya que si es un tema que te intersa realmente, el vídeo transmite mucho mejor la esencia del mensaje.
Te invitamos a que sigas nuestro canal, estamos en Spotify, Ivoox y Youtube